El odio debe ser civilizado
Resumen del corpus
El odio surge de procesos cerebrales rápidos que favorecen la supervivencia al distinguir aliados y amenazas. La dimensión política del odio se relaciona con la pérdida de un mundo compartido, donde el enemigo confiere cohesión grupal. La civilización, a través de leyes e instituciones, buscó contener la agresividad humana, estableciendo límites para la expresión. Sin embargo, las redes sociales debilitan estos mecanismos, y la mentalización ofrece una vía para mediar y recuperar la posibilidad de imaginar la mente del otro, buscando transformar las pertenencias organizadas contra otros en prácticas de convivencia.